Textos fallidos… de momento

Cuando era librera siempre les decía a mis clientes que si no les gustaba un libro, que lo abandonasen y no perdieran su tiempo. Podían revenderlo o regalarlo, los libros e historias que a ti no te gustan quizá hagan felices a otros porque todas las historias tienen su propio público.

Lo mismo pasa con la escritura: no terminéis aquellos textos que no os gustan, que no llevan a ninguna parte, que se han convertido en un martirio y os frustran a tal punto que pensáis que escribir no es para vosotros. Lo que escribís por placer no es un trabajo académico, ni un informe de trabajo, textos en los que no queda otro remedio que llegar a un punto final aunque sea renqueando.

Las palabras son como la buena plastilina. Una vez terminas un párrafo, lo puedes aplastar y volver a empezar. De hecho, es un ejercicio bien sano, que además cuesta cero si estáis acostumbrados a escribir con ordenador. No hay nada más fácil que subrayar todas esas frases que os desagradan y borrarlas. Clic y adiós.

Sin embargo, yo siempre guardo los textos que no me gustan, también los que no he logrado revisar en profundidad, y esos ejercicios de experimentación que aparentemente no dicen nada.

La señora Km es un cuento que terminé tres años después de haberlo empezado, y ahora, me gustaría reescribir algunas partes. Ojo izquierdo azul es un texto bastante reciente que basé en una historia muy cortita que había escrito sobre mi abuelo hace más de diez años . El término “música fluorescente” aparece con frecuencia en mis escritos actuales, y viene de un microcuento, que solo ocupaba un párrafo, sobre un cantante horrible que se resistía a bajar del escenario por mucho que lo abuchearan. Si no me falla la memoria, lo escribí durante los años de Universidad. La idea del cantante maldito la reaproveché en Flor de cactus, un cuento que tiene un par de años y sigue esperando paciente una buena revisión.

Y este es mi consejo de hoy: sed vuestro propio referente y guardad lo que no os gusta porque es como un retal de vuestra imaginación, igual en un futuro os venga bien.

Photo by Andrea Piacquadio on Pexels.com

Tengo muchos textos que considero fallidos, pero solo en el tiempo presente. Espero retomarlos un día, armarme de paciencia y seguridad, que siempre son importantes, y terminarlos o corregirlos por fin. Hay proyectos fallidos que me ilusionaban mucho, y siguen haciéndolo, pero que ahora mismo me veo incapaz de llevar a cabo porque siento que no tengo ni el suficiente compromiso, ni suficiente material, como aquella historia a voces que sucede en mi pueblo y que empecé inspirada por la obra de Svetlana Alexievich. Soy consciente de que uno de mis problemas es la extensión: me gusta escribir en corto, y hay historias que necesitan un desarrollo más largo.

También tengo en reserva un cuento de humor negro. La protagonista regenta una inmobiliaria bastante peculiar. Cuando pienso en ella, en su larga trayectoria en el negocio y su facilidad para el engaño y la estafa, me divierte mucho, me encantaría presentársela al mundo, pero estoy convencida de que debo replanteármela e imaginarla desde una nueva perspectiva. No quiero creer que enterraré al personaje para siempre.

Y le debo a Sonia Hummus y Hugo Pita su gran historia de amor. A Paola, su esperada reaparición. A Anticrista, su encarnación épica, no puedo ocultar para siempre esa maravilla de parto.

Cuando pinto, detesto dejar sobras. Siempre que puedo reutilizo las paletas que he empleado para un dibujo en concreto. Últimamente el gouache que me sobra lo extiendo sobre una libreta de sketch, hago un manchurrón, grandes bloques de un mismo color, y días después acabo el dibujo con rotulador. Lo que sea antes de que la pintura se muera en el plato una vez seca.

Guardad lo que habéis escrito. Si no recuperáis la historia al completo, quizá sacaréis en un futuro una idea, un personaje, un escenario, una frase de diálogo demoledora. Quizá lo escribisteis en un momento en que vuestro estilo narrativo necesitaba una mejora, pulirse y curtirse un poco. En ese caso, la tarea es ardua, pero cuando terminéis la reescritura, la satisfacción será como obtener el nirvana.

Siento que, a pesar de que la calidad en literatura es un tema subjetivo y espinoso, tenemos una cierta responsabilidad. Hay que confiar en nuestra intuición, y nuestro gusto personal. No renunciéis a la posibilidad de reescribir un texto y mejorarlo.

Contadme, ¿guardáis vuestros textos antiguos? ¿Habéis reaprovechado alguno en alguna ocasión? Decidme si tenéis alguna historia que queráis reescribir en el futuro.

¡Nos leemos pronto!

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